El horror que me acecha
Llevaba más de una hora escondido, totalmente quieto e intentando que no descubriesen dónde estaba. Puse mi mano en el pecho y noté mi corazón, aún acelerado.
Sabía que me esperaban, podía oírlos, esperando a que saliese de mi escondite, a que cometiese algún error para poder llegar hasta mí, pero no podía quedarme siempre escondido, al final tendría que salir.
Intenté tranquilizarme, controlar la respiración para que me bajase el pulso; me puse en pie y abrí lentamente la puerta, podía verlos, esperándome, comunicándose entre ellos; sabe Dios qué horrores estarían planeando contra mí.
Bajé poco a poco las escaleras y me detuve en seco, todos me observaban con sus ojos fijos en mí; mi corazón se volvió a acelerar y noté un frío terrible recorriéndome el cuerpo mientras uno de ellos se me acercaba.
Tragué saliva sin apartar la vista de él, estaba ya a menos de un metro cuando comenzó a abrir su boca llena de dientes unidos por hilos de saliva, el terror era ya una constante en mí y el sudor me recorría todo el cuerpo.
¡Feliz cumpleaños Juan, venga, tómate una cerveza!

Comentarios
Publicar un comentario