Arañas, parte 2
Un día, sin embargo, decidí que acompañado de Minit podría aventurarme a entrar, si algo pasaba él podría protegerme, así que cogí una linterna de casa antes de salir y allí que fuimos. Más de tres horas después Minit y yo estábamos frente a la entrada de aquella gruta, encendí la linterna, la apunté hacia dentro y comenzamos a andar, rozándonos con las ramas y los troncos de los árboles, con los matorrales, trepando algunos pedruscos que nos bloqueaban el camino, hasta que después de un buen rato en el que mi ropa acabó destrozada y yo lleno de arañazos, llegamos a una zona abierta. Al mirar hacia arriba pude ver las copas de los árboles tapando el cielo, tan altos, tan frondosos. Nunca había visto algo así.
A nuestro alrededor solo había árboles, estaba todo repleto. Me acerqué a ellos para ver qué había más allá y solo pude ver la pared de la montaña, recorrí toda la circunferencia que formaban pero, salvo la apertura por la que habíamos entrado, todo era madera y roca.
Decidí sentarme a descansar un poco antes de volver a salir, tanto Minit como yo estábamos agotados. Sí, todo aquello era algo bastante curioso, puede que impresionante por cómo estaba formado, pero esperaba algo más, no sabría decirle qué, pero algo más. Llevábamos ahí quizá diez minutos cuando de repente Minit comenzó a gruñir mirando a todos lados, parecía asustado y no dejaba de girar a un lado y a otro. Yo me levanté algo asustado por esa reacción de mi perro, jamás lo había visto así y miraba a los mismos lugares a los que él, pero no veía absolutamente nada. Entonces comencé a oír ruidos, al principio tenues, de forma que no lograba distinguir qué eran exactamente; puede que las ramas de los árboles movidas por el viento, aunque no hacía ni una pizca. Pero poco a poco se comenzaron a oír más fuertes, eran similares a cuando tiras de la cuerda del pozo y esta roza con la polea, una especie de roce; al principio pensé que efectivamente serían las ramas rozando, pero cada vez se oían más fuertes, por todos lados y cada vez los roces sonaban con mayor frecuencia y desde varias direcciones a la vez. Minit comenzó a ladrar hacia todos lados, desquiciado, entonces dejé de oír aquellos sonidos, se habían detenido de repente. Minit dejó de ladrar y comenzó a gimotear, se agachó completamente muerto de miedo, a nuestro alrededor ya no se oía nada y todo estaba completamente en silencio, como si todo aquello sólo hubiese sido algo que me había imaginado.

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