El coleccionista

La luz me ciega cuando abro los ojos, me siento mareado y desorientado, y tengo la boca seca.

Poco a poco consigo distinguir figuras, borrosas. Me quedo sentado sin saber dónde estoy o cómo he llegado aquí, intentando llenar ese vacío en mi memoria hasta que recupero toda la visión.


Necesito gritar, pero no emito sonido alguno. Me levanto con dificultad y tembloroso y me acerco al más cercano. Le han arrancado toda la piel.

A la derecha hay otro tirado, tiene todo el cuerpo cubierto de clavos.


Empiezo a ver borroso de nuevo, siento el corazón acelerado y por un momento pierdo las fuerzas, estoy a punto de caer. Me doy la vuelta para dejar de verlos.

Vomito, sólo bilis. La pared está cubierta de decenas de ellos, a cada uno le han hecho algo distinto.

Comienzo a pensar en qué clase de monstruo ha podido hacer algo así, en cuánto han tenido que sufrir, cuando escucho una puerta abrirse tras de mí.

No quiero girarme, no quiero ver, sólo quiero que esto sea una pesadilla, pero me doy la vuelta y lo veo. Me mira a los ojos y sonríe.

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