7 - Marin, la solo una vez caída. Parte 2


Marin amaba por igual a sus dos padres y la decisión de su padre le había causado gran tristeza, cada día que pasaba lo echaba de menos y la situación parecía que iba a durar para siempre. Conocía bien la obsesión de su padre con su trabajo y era perfectamente consciente de que siempre antepondría la herrería a su familia. Cualquiera lo hubiese odiado por algo así, pero Marín sabía que no solo era su pasión, también estaba el problema del dinero, si su padre dejaba de trabajar la familia no tendría con qué comer.

Un día Marín aprovechó una distracción de su madre y se encaminó en dirección a la herrería de su padre. Estaba decidida y llevaba semanas pensándolo, sabía que era peligroso andar sola por los círculos exteriores; cualquier gran ciudad tiene delincuencia y Grand no era una excepción. Cuando vivían en el vigésimo cuarto círculo era extraño el día que no oía a los mayores comentar que alguien había sido atracado, que se había cometido algún asesinatos o incluso veía a alguien arrastrando una carreta cargada con algún que otro cadáver, pero nada la detendría. Además, nadie haría daño a una niña pequeña.

Decidida, Marin se encaminó hacia su destino. Los primeros círculos los atravesó sin problemas, ahí vivía gente adinerada que no se veía involucrada en problemas. Tanto era así, que ve a una niña de diez años andando sola o no les importaba lo más mínimo, o suponía demasiado problema para ellos siquiera preguntar a dónde iba. Así, fue poco a poco recorriendo cada círculo hacia las afueras de Grand.

Hasta el decimoséptimo círculo las cosas cambiaban poco, aunque se podía apreciar que la gente que los ocupaba eran trabajadores los edificios eran similares a los de los círculos intermedios y la gente andaba con tranquilidad por la calle, pero al llegar al decimoctavo pareció pasar a otro mundo. Los edificios no solo parecían estar construidos de otra forma, eran más pequeños, en lugar de estar hechos de piedra lo estaban de madera que parecía vieja y mal cuidad. Las calles también eran distintas, más estrechas, de tierra en lugar de adoquines, sucias no solo por la tierra, sino también por la basura que había tirada por ellas, barrizales formados alrededor de los desagües de las casas. Había mucha menos gente por la calle y se movían deprisa, como queriendo llegar a su destino lo más rápido posible. Marin pudo ver también gente durmiendo en el suelo, o la menos esperaba que estuviesen durmiendo.

Hasta hacía poco ella y su familia habían vivido en el vigésimo cuarto círculo, pero los círculos más exteriores no estaban tan estropeados ni daban la sensación de abandono y peligro que le transmitía aquel.

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