Cheng, segunda parte
Cheng lanzó una patada contra la rodilla que aquel vestido de flores no llegaba a cubrir, un murmullo resonó en el aire y su pie atravesó la pierna sin tocarla; el chico se desplazó todo lo rápido que pudo hacia la derecha en un movimiento angular y quedó en el flanco, donde lanzó una lluvia de puños que impactaron contra un muro invisible. Mientras sus golpes golpeaban un aire duro como la piedra dio una patada que, esta vez sí, golpeó en la pierna de la mujer que calló de espaldas al suelo. Rápidamente agarró su mano izquierda y comenzó a rodear el brazo con su pierna; ella pronunció unas palabras y una presión rodeó la garganta de Cheng, como una soga invisible que le impedía respirar.
Aquel tipo era rápido como un rayo, y fuerte, estaba claro. Había conseguido no sólo golpear a Agnes, sino que la había derribado de un solo golpe; pero era imposible que pudiese vencerla. Su cuello estaba ahora marcado por la presión de una cuerda invisible y ya era inevitable que Agnes le arrancase el corazón o simplemente lo dejase morir asfixiado. Sin embargo, el pequeño chino parecía estar lleno de sorpresas, el aire comenzó a vibrar y de su manga derecha surgió una serpiente que se lanzó al cuello de Agnes y le hincó sus colmillos. El hechizo se rompió y la marca se desvaneció de su cuello, lanzó un primer puñetazo, seguido de otros cientos contra la cara de la mujer tumbada, pero un golpe de viento lo lanzó volando contra el muro del callejón. Ahí quedó, como pegado e incapaz de moverse mientras la otra mujer, que ahora tenía los ojos igual que su compañera, lo miraba fijamente, como con curiosidad.
—No te metas en esto, sólo puedes acabar mal.
La mujer del suelo se levantó, miro con un odio indescriptible a Cheng y comenzó a murmurar unas palabras, pero su compañera la detuvo. La decepción por no poder llevar a cabo su venganza se dibujó en su rostro. Tras otro susurro un círculo se dibujó en el aire, mostrando un lugar distinto en su interior y ambas lo atravesaron para desaparecer; Cheng cayó de golpe al suelo.
Los golpes en la cara despertaron a Vito, que pudo ver a Cheng encima suyo dándole bofetadas. Vito fue a devolverle el golpe, pero el joven le paró la mano con facilidad. Le dio un empujón para que se quitase de encima y se incorporó.

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