9 - Marin, la solo una vez caída. Parte 4


Marin intentó gritar, pero no le salió la voz. No sabía si por el cuchillo que tenía contra su garganta, por la presión que ejercía el que aquel hombre la tuviese levantada en el aire o, simplemente, por el miedo.

El hombre pareció notarlo, o quizá simplemente era porque estaba disfrutando con aquello, pero sonrió. El hedor de su boca llegó a Marin, que contuvo una arcada. Entonces empezó a dar patadas al aire y él comenzó a reír a carcajadas. De pronto la risa cambió a un gemido de dolor, justo en el momento en que Marin sintió que su pie había dado en algo. Cayó al suelo, dando con su espalda contra la tierra y rebotando su cabeza al impactar también contra el pavimento. Pudo ver al hombre que ahora estaba inclinado hacia delante y se llevaba las manos al estómago mientras gemía y maldecía.

En el suelo, justo entre ambos, vio algo destellar, el cuchillo. Asustada pensó en sus posibilidades: salir corriendo y arriesgarse a que el hombre corriese tras ella y la atrapase o coger el cuchillo del suelo y matarlo, de esa forma no podría ir tras ella. Nunca había matado a nadie, ni siquiera se había metido nunca en una pelea, además el hombre era mucho mas grande y más fuerte que ella, probablemente más rápido. Además, no sabía cómo matarlo, puede que al clavarle el cuchillo no diese en una zona vital y tan solo lo hiriese, enfadándolo aún más y entonces… ¡El cuello! Si conseguía clavárselo en el cuello era casi seguro que moriría, tenía que ir a por el cuello.

Marin cogió aire, intentó calmarse, aunque notaba como su pecho latía más rápido de lo que había latido jamás. Entonces se lanzó hacia delante y cogió aquel extraño cuchillo, en ese momento el hombre dejó de quejarse, la miró directamente y gritó algo, no entendió qué. Entonces la cogió con fuerza del antebrazo con el que sostenía el arma. Le dolió mucho, aquel tipo le estaba apretando tanto que parecía que le iba a romper el brazo. Entonces puso la otra mano debajo, soltó el cuchillo de la mano con la que los sostenía y lo cogió con la otra, lo había agarrado del revés, pero no importaba. Lanzó con fuerza la base del mango contra la muñeca del hombre y el punzón se clavó en ella haciendo brotar la sangre, entonces repitió varias veces tan rápido que su mano pareció estar en varias posiciones a la vez.

El hombre la soltó agarrándose la muñeca herida con la mano, le caía tanta sangre que la presión que ejercía con su mano no la contenía y se estaba formando un charco en el suelo. Marin hizo girar el cuchillo con un movimiento rápido sobre su mano, dejando la hoja hacia arriba, dio un paso rápido hacia delante y lanzó un corte hacia arriba, donde estaba el cuello del hombre. Él la miró fijamente, con los ojos muy abiertos, sin entender del todo lo que había pasado. Entonces cayó al suelo emitiendo unos gorjeos desagradables a causa de la sangre que inundaba su garganta.

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