12 - Marin, la solo una vez caída. Parte 7


Tras contarle lo que había sucedido con el hombre que la había atacado Marten la miró pensativo, entonces le pidió que le diese el arma. La miró fijamente a la luz del fuego.

—¿Estás segura de que le cortaste?

—Sí, estoy segura. Se calló al suelo y había mucha sangre.

Marten volvió a examinar aquel extraño cuchillo. Nunca había visto nada igual, pero tenía que admitir que parecía un arma bastante útil. Se levantó y se acercó al fuego y miró más de cerca y con más luz el arma, no había sangre, efectivamente, ni el más mínimo resto. Pero la hoja y el pequeño punzón que había en el mango no estaban completamente limpios, tenía restos de algo, ¿grasa?

Miró a su hija, que jugueteaba con un trozo de hierro en bruto. Marin siempre había sido bastante hábil y rápida quizá, pero ¿tanto como para haber podido matar a un hombre adulto y ni siquiera habar dado tiempo de que el arma se manchase de sangre, que solo hubiese quedado algo de la grasa que tuviese en la piel? Entonces pensó algo, era una locura, era una absoluta locura, pero ¿y si de verdad?

Marten preparó el cuchillo en su mano derecha, llamó a su hija de un grito y justo cuando levantó la cabeza le lanzó el cuchillo.

Marin miraba con pavor a su padre, le había tirado aquel extraño cuchillo directamente a la cara, había podido ver cómo el arma volaba hacia ella, pero no le había dado. A un palmo de su cara su propia mano sostenía el cuchillo, perfectamente agarrado. 

Marten corrió hacia ella y le agarró la cara con ambas manos, besándola en la frente. —Lo siento, cariño —dijo.


La niña se queda callada durante un momento, con la mirada perdida, como recordando. Sonríe. Entonces parece darse cuenta y me mira directamente.

—Mi padre era un buen padre y, aunque pueda parecerlo por lo que te acabo de contar, no estaba loco. Cuando me lanzó el cuchillo no lo hizo en dirección a mi cara, sino a un lado. Si es cierto que pude haber reaccionado de forma inesperada por el miedo, moverme y ponerme en la trayectoria del cuchillo, o poner mis brazos por delante para protegerme, pero él creía haberse dado cuenta de algo... Han pasado muchos años desde que mi padre vivió, pero ya entonces se contaba una historia, la misma que a ti te han contado, aunque algo distinta: un héroe que salvaría el mundo, alguien con una habilidad sin igual que sería capaz de detener todas las miserias que sufría la humanidad. Ahora se os dice que el héroe es un condenado, como tú, y que detendrá la maldición que nos asola, pero entonces era distinto, aún no habíamos sido condenados.

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