3 - De vuelta a la mansión


Despierto junto a la hoguera que dejó la bestia. No recuerdo haberme dormido, aunque mis recuerdos son confusos. Siento una especie de vacío, como si hubiese perdido algo, pero no sé qué puede ser.

Miro hacia la mansión y veo las grandes puertas abiertas, aunque tengo casi la absoluta certeza de que hace tan solo unos segundos estaban cerradas. Algo extraño está pasando.
 

Salto el precipicio y atravieso las puertas abiertas y ante mi veo un enorme salón recorrido por columnas a ambos lados que soportan la segunda planta. Al fondo veo dos escaleras simétricas que llevan arriba.

Oigo un carraspeo a mi lado y un anciano escuálido y ataviado con un traje de gala que alguna vez debió ser blanco, pero que ahora es más bien marrón, me saluda con una inclinación de cabeza.

—Hola de nuevo—, me dice. Posa su mano en el pomo de una puerta que tiene a su lado y lo intenta girar, sin éxito.— Aún no está abierta, tendrá que volver a atravesar el salón, me temo.

—Un momento, ¿me conoce?— Le pregunto.

—Sí, es la novena vez que nos vemos hoy. Parece que le está siendo difícil alcanzar los aposentos de la señorita Marin.

—Pero… Yo no recuerdo haberle visto nunca.

—Ya— dice con una expresión triste en la cara —, suele pasar con todo el que viene a la mansión. Pero no se demore, por favor, la señorita Marin le está esperando.

—Pero...— el hombre me interrumpe, indicándome con un gesto que avance.


Comienzo a caminar en dirección a las escaleras cuando oigo un extraño sonido a mi derecha. Al mirar veo a un hombre parecido al que acabo de encontrarme, con un traje igual pero infinitamente más deteriorado y una complexión similar; diría que es el mismo si no fuese porque los ojos de este están completamente vacíos, como carentes de vida.
El hombre se acerca a mí, lo saludo y ando unos pasos en su dirección. Cuando apenas nos separa un metro se abalanza sobre y me golpea con unas uñas largas, sucias y afiladas, haciéndome una herida en la cara. Apenas tengo tiempo a reaccionar cuando suelta una serie de golpes hacia mí que consigo esquivar dando un salto hacia atrás.
Intento hablar con él, pero no respondes, sigue acercándose lentamente y, cuando está cerca de nuevo, embiste con otra serie de golpes con las uñas. Esta vez estoy preparado y consigo esquivar todos los golpes.

Desenvaino mi espada y me dispongo a atacarle cuando varios sonidos llaman mi atención, miro alrededor y veo varios hombres de aspecto idéntico andando con parsimonia en mi dirección.

Comentarios

Publicar un comentario