Despierto junto a la hoguera que dejó la bestia. No recuerdo haberme
dormido, aunque mis recuerdos son confusos. Siento una especie de
vacío, como si hubiese perdido algo, pero no sé qué puede ser.
Miro
hacia la mansión y veo las grandes puertas abiertas, aunque tengo
casi la absoluta certeza de que hace tan solo unos segundos estaban
cerradas. Algo extraño está pasando.
Salto
el precipicio y atravieso las puertas abiertas y ante mi veo un
enorme salón recorrido por columnas a ambos lados que soportan la
segunda planta. Al fondo veo dos escaleras simétricas que llevan
arriba.
Oigo un
carraspeo a mi lado y un anciano escuálido y ataviado con un traje
de gala que alguna vez debió ser blanco, pero que ahora es más bien
marrón, me saluda con una inclinación de cabeza.
—Hola de nuevo—, me dice. Posa su mano en el pomo de una puerta que
tiene a su lado y lo intenta girar, sin éxito.— Aún no está
abierta, tendrá que volver a atravesar el salón, me temo.
—Un momento, ¿me
conoce?— Le pregunto.
—Sí, es la
novena vez que nos vemos hoy. Parece que le está siendo difícil
alcanzar los aposentos de la señorita Marin.
—Pero… Yo no
recuerdo haberle visto nunca.
—Ya— dice con
una expresión triste en la cara —, suele pasar con todo el que
viene a la mansión. Pero no se demore, por favor, la señorita Marin
le está esperando.
—Pero...— el
hombre me interrumpe, indicándome con un gesto que avance.
Comienzo a caminar
en dirección a las escaleras cuando oigo un extraño sonido a mi
derecha. Al mirar veo a un hombre parecido al que acabo de
encontrarme, con un traje igual pero infinitamente más deteriorado y
una complexión similar; diría que es el mismo si no fuese porque
los ojos de este están completamente vacíos, como carentes de vida.
El hombre se acerca
a mí, lo saludo y ando unos pasos en su dirección. Cuando apenas
nos separa un metro se abalanza sobre y me golpea con unas uñas
largas, sucias y afiladas, haciéndome una herida en la cara. Apenas
tengo tiempo a reaccionar cuando suelta una serie de golpes hacia mí
que consigo esquivar dando un salto hacia atrás.
Intento hablar con
él, pero no respondes, sigue acercándose lentamente y, cuando está
cerca de nuevo, embiste con otra serie de golpes con las uñas. Esta
vez estoy preparado y consigo esquivar todos los golpes.
Desenvaino mi espada
y me dispongo a atacarle cuando varios sonidos llaman mi atención,
miro alrededor y veo varios hombres de aspecto idéntico andando con
parsimonia en mi dirección.
Wooooooooooooo qué miedooooo
ResponderEliminar